Oremos por todos los niños, adolescentes y jóvenes que han perdido a sus padres o han quedado privados del amor y la protección de una familia. Que el Señor, Padre de los huérfanos y defensor de los más vulnerables, los sostenga con su ternura, sane las heridas de su corazón, les conceda personas que los acompañen con auténtica caridad y haga de la Iglesia un hogar donde encuentren acogida, esperanza y la certeza de que nunca están solos.







