- La facultad comunicativa del habla es indispensable para que las personas podamos transmitirnos los unos a los otros las riquezas del espíritu. Pero es claro que no todo el que habla mucho alimenta de verdad a los otros, ni el que habla poco alimenta poco. Más bien, habla productivamente aquel que siempre lleva a los demás -en su conversación- a crecer en su “deber ser”. Que tal sea nuestra conversación (Sir 27,4-7).
- El Apóstol nos estimula a entregarnos a las obras del Señor, pues las obras del Señor tienen como finalidad que el Hombre llegue a la plenitud de su ser. Iluminar a una persona, para que aprenda a vivir, según Cristo, en la verdad y el amor, es la obra más grande y más hermosa que alguno pueda realizar. (1Co 15,54-58)
- El Evangelio nos hace preguntarnos ¿De qué tengo lleno mi corazón? y una buena manera de saberlo es de lo que permanentemente hablo. Hablamos permanentemente de lo que amamos, de lo que nos atrae, de lo que realmente sabemos. Por tanto, si amamos a Jesús, si es nuestro polo de atracción, si es nuestra fuente predilecta de conocimiento y de juicio; entonces seremos cristóforos “portadores de Cristo”(Lc 6,39-45).
- La Sagrada Eucaristía es el lugar donde los hombres venimos a ser curados paulatinamente de nuestra ceguera. La Palabra y el cuerpo y la sangre de Cristo me van haciendo más capaz de percibir la luz de la verdad y de actuar según la fe, el amor y el servicio.
- CEC 2563: el corazón es la demora de la verdad; CEC 1755-1756: los buenos actos y los malos actos; CEC 1783-1794: la formación de la conciencia y la decisión según la conciencia; CEC 2690: la dirección espiritual; CEC 1009-1013: el sentido cristiano de la muerte.







