PARA COMPARTIR CON NUESTRA COMUNIDAD

  • “Galileos, ¿Qué hacen ahí plantados  mirando al cielo?” La Iglesia, además de contemplar a su Señor glorificado, debe sentir la urgencia de la misión. Le ha sido dado el Espíritu Santo, para que llena de sus dones, salga a llevar el mensaje de salvación hasta el confín de la tierra. La Salvación de las almas debe ser la solicitud permanente y el esfuerzo ininterrumpido de la acción evangelizadora (Hch 1,1-11).
  • Lo que San Pablo pide para los hermanos de Éfeso, también lo necesitamos nosotros: Que Dios nos dé espíritu de sabiduría y revelación, que ilumine los ojos de nuestro corazón. Es decir, que podamos conocer y comprender de manera espiritual los misterios divinos, para que podamos adherirnos a ellos, amarlos y orientar toda nuestra vida hacia ellos (Ef 1,17-23).
  • Mientras Jesús se separa de sus discípulos en su Ascensión al cielo “los bendecía”. Jesús les deja su bendición. Esta rendición equivale a dejar su presencia en ellos, su favor divino. Jesús los bendice para que lleven el bien de la salvación a los pueblos (Lc 24,46-53)
  • Todos los que asistimos a la eucaristía recibimos la bendición. Lo cual implica que llevamos la bendición de Dios con nosotros, para ser a nuestra vez bendición, bien de Dios para los demás. Es importante que nos hagamos cada vez más conscientes de esto.
  • CEC 659-672, 697, 792, 965, 2795: la Ascensión.

 

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