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  • Pentecostés es el cumplimiento de una promesa hecha por Jesús a sus discípulos. Promesa de aquella fuerza de lo alto que los llenaría para que se convirtieran en testigos valientes de Jesús en el mundo (Hch 2,1-11).
  • Es el Espíritu quien, según San Pablo, nos hace un solo cuerpo. Todos los bautizados formamos el único cuerpo de Cristo. Ahora en ese cuerpo cada uno tiene una tarea, una función. Cada uno recibe carismas, para ponerlos en función del bien y del crecimiento de este cuerpo (1Co 12,3b-77.12-13) o (Rm 8,8-17).
  • Jesús infunde en los Apóstoles el Espíritu Santo. Ellos serán, de ahora en adelante, los que lleven consigo la fuerza regeneradora de la humanidad, siendo los ministros de la Misericordia divina que ofrece el perdón, la reconciliación y la nueva vida (Jn 20,19-23) o (Jn 14,15-16.23b).
  • En cada eucaristía, todos los fieles reunidos,  pedimos el Espíritu santo “…para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos del Espíritu Santo, formemos en Cristo un sólo cuerpo y un sólo espíritu”. Es hermoso saber que es el Espíritu Santo quien viene a unir a todos aquellos que el pecado había disgregado y esta es su obra más hermosa.
  • CEC 696, 726, 731-732, 737-741, 830, 1076, 1287, 2623: Pentecostés; CEC 599, 597,674, 715: el testimonio apostólico en Pentecostés; CEC 1152, 1226, 1302, 1556: el misterio de Pentecostés continúa en la Iglesia; CEC 767, 775, 798, 796, 813, 1097, 1108-1109: la Iglesia, comunión del Espíritu.

 

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