- El texto sagrado asevera que no existe otro Dios fuera del Dios de Israel. El cual no tiene que dar cuentas a nadie de sus juicios, pero ante quien todos los hombres deben rendir cuentas. Esto en razón de su infinito poder y sabiduría. Su fuerza reprime y da su merecido a los injustos, su Señorío le hace indulgente para perdonar a todo el que se arrepiente. Con ello nos enseña que debemos ser indulgentes y humanitarios con quienes no conociendo a Dios obran erroneamente; luego, también nos enseña que siempre tenemos la oportunidad de abandonar y reparar toda injusticia para hacernos dignos de su perdón y su misericordia (Sb 12,13.16-19).
- El Apóstol Pablo nos ayuda a comprender la importancia de vivir en sintonía con el Espíritu Santo, ya que Éste es quien nos puede llevar a descubrir y desear los verdaderos bienes y de esta manera vivir una vida verdaderamente espiritual que manifieste la verdad, la justicia, la bondad y la paz de Dios (Rm 8,26-27)
- A través de estas parábolas entendemos por una parte que el Reino de Dios se va construyendo con lo que Dios siembra en nuestro corazón y a la vez rechazando lo que el Maligno pretende sembrar. Por otra parte, podemos intuir que la virtualidad de lo que Dios siembra en nosotros tiene la facultad de hacernos crecer hasta la estatura de Jesucristo (grano de mostaza) y transformar toda nuestra vida (levadura) (Mt 13,24-43)
- En cada eucaristía, recibimos la levadura de la Palabra y de la gracia, para convertirnos en pan que sacia el hambre de verdad y amor que tiene el mundo.
- CEC 543-550: el Reino de Dios; CEC 309-314: la bondad de Dios y el escándalo del mal; CEC 825, 827: la mala hierba y la semilla del Evangelio en cada uno de nosotros y en la Iglesia; CEC 1425-1429: la necesidad de una conversión continua; CEC 2630: la oración de petición habla profundamente a través del Espíritu Santo.







