- Esta profecía de Isaías, primero nos habla de la montaña de la casa del Señor que se afianza sobre las montañas, es decir, el culto del único y verdadero Dios se impondrá sobre el culto a los ídolos de los pueblos paganos. Todas las naciones afluirán hacia el verdadero culto. Isaías profetiza, igualmente, la Evangelización de los pueblos que parte de Jerusalén. Antiguo y Nuevo Testamento son la Revelación que llegará a los confines de la tierra y transformarán los corazones, dando como fruto la paz universal (Is 2,1-5).
- San Pablo invita a los romanos a vivir según la nueva condición de Cristianos. A vivir en la nueva realidad “la Gracia” (pleno día); en comparación con los que viven aún en el pecado (noche). Implica un cambio de costumbres y comportamientos, implica “revestirse de Cristo”, es decir, asumir la forma de vida de Cristo “vivir en la voluntad del Padre”(Rm 13,11-14a).
- Jesús advierte de su segunda venida y la compara con los tiempos de Noé. Noé fue el único que se previno entrando en el arca con su familia para salvarse del diluvio. Así, Jesús, nos invita a subir a la barca de la Iglesia. Allí viviremos seguros, viviendo en la coherencia de la fe y con el auxilio de la gracia. La mejor forma de estar preparados para la venida del Señor, es velar, es decir, no dar descanso a la vida de oración (Mt 24, 37-44).
- Todos los que participamos de la Eucaristía, entramos en el arca del nuevo Noé, Cristo. Somos su familia, porque escuchamos su palabra y la ponemos por obra. Pero Jesús quiere que todos entren en el arca- hagan parte de su familia y participen de su eucaristía- y se salven.
- CEC 668-677, 769: la tribulación final y la venida de Cristo en gloria, CEC 451, 671, 1130, 1403, 2817: “¡Ven, Señor Jesús!”, CEC 2729-2733: la vigilancia humilde del corazón.







