Llegamos a septiembre, mes que la Iglesia dedica de manera especial a la Sagrada Escritura, el gran tesoro donde Dios revela su corazón y su voluntad para nosotros. Queremos invitar con mucho afecto a todos a acercarse con sencillez y confianza a la Palabra de Dios, a dejar que cada página nos ilumine y nos anime, como una carta de amor escrita para cada uno.
La Biblia no es solo un libro antiguo, es alimento diario, consuelo en la dificultad, luz en los momentos de confusión y fuente inagotable de esperanza. San Jerónimo, cuya memoria celebramos este mes, decía: “Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”. Por eso, leer y meditar la Biblia es encuentro con el Señor, es dejarse abrazar y transformar por su Palabra viva cada día.
Animemos a leerla en familia, en comunidad, a formar pequeños grupos para meditar juntos el Evangelio o un libro bíblico sencillo. Descubramos la belleza de dejarse sorprender cada día por Dios que habla a su pueblo. Que este mes sea ocasión para encender en cada corazón el amor por la Palabra.







