LA DINÁMICA DEL SEGUIMIENTO DEL BUEN PASTOR RESUCITADO:
EL DISCÍPULO ESCUCHA SU VOZ, LE SIGUE Y VIVE EN PLENITUD
JUAN 10,1-10

La relación entre el Pastor y sus ovejas representaba una de las relaciones más estrechas que se podían observar en la cotidianidad de un israelita, se explica por qué Dios utiliza este símbolo para expresar su relación con su pueblo elegido y con toda la humanidad.  Uno de los Salmos más bellos del salterio describe la seguridad que un orante tiene de que Dios es su Pastor: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (23,1). Pero esto vale también para las relaciones humanas, de ahí que en la Biblia el título de pastor también se le de, por extensión, también a todos aquellos que imitan la premura, la dedicación de Dios por el bienestar de su pueblo.  Por eso a los reyes en los tiempos bíblicos se les llama pastores, igualmente a los sacerdotes y en general a todos los líderes del pueblo.

La gran responsabilidad de un pastor: la vida de la oveja. El criterio para distinguir un buen y mal pastor era su sentido de la responsabilidad.  El Pastor en Palestina era totalmente responsable de las ovejas: si algo le pasaba a cualquiera de ellas, él tenía que demostrar que no había sido por culpa suya.

Dos formas contrapuestas de acercarse a las ovejas: la identidad del pastor (10,1-3ª).El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero”. Notemos el énfasis en el verbo “ser”: “Ése es un ladrón y salteador” / “Es pastor de las ovejas”. De esta manera, la primera parte de la parábola señala –mediante contraposición- el criterio por el cual se descubre la identidad del “pastor de las ovejas”: “El que no entra por la puerta” / “El que entra por la puerta”. Entonces, hay dos modos de entrar al rebaño que dependen de lo que se busque: cuidar del rebaño o, por el contrario, hacerle daño. Así queda establecida la diferencia entre el falso y el verdadero pastor de las ovejas.

La relación entre el pastor y las ovejas y la contrapuesta actitud ante los extraños (Jn 10,3b-5). Y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. Una vez que se ha identificado al verdadero pastor, vemos cómo se entabla la relación de éste con sus ovejas. Podríamos decir también que en esta segunda parte de la parábola, igualmente se describe a la verdadera oveja con la contraposición: “Conocen su voz (del pastor)” / “No conocen la voz de los extraños”. La primera frase lo afirma claramente: “Las ovejas escuchan su voz”, o sea, no dudan en atender la voz de quien los guía y, en consecuencia, “le siguen” con docilidad. ¡Una excelente caracterización del discípulo del Señor!

El seguimiento del pastor: ser “llamado… sacado… precedido” (10,3b-4). Se distinguen dos momentos: cuando la oveja es sacada del redil y cuando es conducida por las praderas. En ambas ocasiones la “voz” del pastor juega un papel fundamental. “Va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (10,4). Una vez que han sido llamadas por su nombre, sacadas del redil y congregadas, las ovejas son encaminadas hacia los lugares de pastaje. La relación llamada/respuesta ahora progresa hacia la relación precedencia/seguimiento: el pastor camina delante de ellas, y éstas –ciertamente con gran alegría- siguen a aquel cuya voz les es familiar. El discipulado se describe claramente con el “ir delante” del Pastor/Maestro y el “seguir” de la Oveja/discípulo. El contenido del seguimiento de Jesús está presentado a lo largo de todo este evangelio, de punta a punta. Pero aquí lo que el evangelista nos invita a observar atentamente es qué es lo que dinamiza el seguimiento: “le siguen porque conocen su voz”. Sin el conocimiento de la voz de aquel que es la Palabra de Vida (1,4) no es posible el seguimiento de Jesús.

La fuga ante los extraños (10,5). La parábola termina señalando que las ovejas no sólo “siguen” a Jesús sino que “no seguirán a un extraño” (10,5a). Y el argumento es el mismo: “porque no conocen la voz de los extraños” (10,5c). Teniendo en cuenta que no se reconoce la voz de los extraños, se puede entender como capacidad de discernimiento por parte del discípulo del Señor: el discípulo aprende a distinguir lo que proviene y lo que no del Señor. 

El “entrar” y “salir” connota también la libertad de la que se habló en la parábola, en Jn 10,3b-4 (verbo “sacar”). La puerta permanece grande y abierta, las ovejas van y vienen, no son aprisionadas sino que se las hace salir y son siempre conducidas por aquel a quien escuchan. Entre libertad y vida se establece una estrecha relación. Y el don de Dios se da con toda magnanimidad. Valga recordar que la imagen del “encontrará pastos” (v.9d) parece retomar la promesa de Dios en Ezequiel 34,14 que se había convertido en anhelo del Pueblo de Dios: “Las apacentará en buenos pastos, /y su majada estará en los montes de la excelsa Israel. /Allí reposarán en buena majada; /y pacerán pingües pastos por los montes de Israel”. Es al servicio de esto que debían ponerse todos los pastores de Israel. Y es aquí donde la manera de realizar la misión en función del pueblo se pone en cuestión.

“Yo he venido para…” (Jn 10,10). Lo que Jesús “es” se realiza en la misión para la cual ha “venido”. Las frases contrapuestas “El ladrón no viene más que a…” / “Yo he venido para…” ponen ante nuestros ojos –en forma comparativa- dos maneras de presentarse ante las ovejas. Los verbos “robar”, “matar” y “destruir” aplicados al ladrón, señalan que no hay nada vivificante en ellos. Correlacionemos con el v.8: los que habían venido antes de Jesús y se presentaban ante el pueblo como sus servidores no le ofrecían la vida que necesitaban sino que se valían de él para mantenerse en su posición de privilegio. Los fariseos y dirigentes del pueblo quedan definitivamente descalificados como pastores. Los tres verbos de negación de vida de la oveja que tiene como sujeto al ladrón, se contraponen a uno solo que tiene como sujeto a Jesús: “Dar Vida”. Ahora se dice de forma explícita: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (10,10). Y no solo un poquito sino en abundancia. Esta será la pretensión inaudita de Jesús, la que será motivo de confrontación cada vez más fuerte con sus adversarios, la que le llevará finalmente hasta la muerte en la cruz, en la cual –paradójicamente- difundirá esa vida abundante sobre la humanidad entera, dando vida con su propia vida.

Fidel Oñoro, cjm – Centro Bíblico del CELAM

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