DÉCIMO SEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO
LUCAS 10, 38-42: A LA ESCUCHA DEL MAESTRO: COMO DISCÍPULOS SENTADOS A SUS PIES
El contexto: Jesús recibe hospedaje en la casa de Marta y María (10,38). “Yendo ellos, de camino, entró en un pueblo” (10,38a). El evangelio de Lucas gusta de imágenes de peregrinos. Jesús aparece al principio del relato como un peregrino que sube a Jerusalén, como un viajero que necesita de hospitalidad en medio de un largo viaje. No sólo Él, también sus discípulos. El evangelista Lucas subraya “le recibió”. Marta le ofrece a Jesús la acogida propia de un huésped.
María. María dedica su tiempo a la persona misma de Jesús, ella se sienta frente a Él “a los pies del Señor…”. El evangelista dice con precisión: “…escuchaba su Palabra” (10,39b). El gesto de María frente a Jesús nos recuerda la posición de un discípulo con relación a su maestro (por ejemplo en Hechos 22,3, Pablo se declara discípulo de Gamaliel con estos términos: “instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley”). La postura indica el interés por aprender recibiendo dócilmente la “Palabra”. Es interesante que Jesús anime a una mujer a aprender. Esto tiene una gran significación, puesto que los maestros judíos generalmente se oponían a que la mujer fuera a la escuela; Jesús hizo todo lo contrario (ver Lucas 8,2-3).
Marta. Por efecto de contraste, Marta aparece entonces en el trasfondo de la escena haciendo oficios: “estaba atareada en muchos quehaceres” (10,40a). “Estaba atareada…”. La frase describe a Marta absorbida por los oficios de la casa, concentrada en su deber de ama de casa y anfitriona. El relato insinúa que Marta deseaba escuchar a Jesús pero las tareas (“muchas”) que se requieren para poder ofrecer una buena acogida se lo impedían. Con la palabra “quehaceres” (en griego “diakonía”) se nos deja entender en qué consiste la tarea: todo lo que es propio del servicio de la casa. Incluye la preparación del cuarto del huésped, el ambiente de la casa, pero sobre todo el servicio de la mesa: preparar y llevar los alimentos a la mesa. En la obra de Lucas este término va designando cada vez más una realidad de fondo: lo propio del servicio eclesial, el cual genera grandes desgastes personales por el bien de los demás (ver 22,7; Hechos 6,2). Marta le habla a Jesús reconociéndolo como Maestro (por eso aquí usa el título “Señor”). Marta le habla a Jesús en estos términos: (a) Un reclamo en forma de pregunta: “¿No te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?”. El “¿No te importa?” tiene el sabor amargo de quien reclama para sí una mejor consideración. Marta deja entender: “¿Es que yo no te importo?”. (b) Una orden: “Dile, pues, que me ayude”. Marta le dice a Jesús lo que tiene que hacer, indicándole indirectamente en qué debe instruir a su hermana María. Marta está al servicio de Jesús y quiere hacer todo lo posible por honrarlo, lo cual es altamente loable, sin embargo no parece comprender la verdadera dignidad de su invitado: Él es Maestro y ha venido a su casa en esta condición. Como se ve, Marta no le deja ser su Maestro porque no está abierta a lo que trae Jesús para ella y porque se coloca en la posición de quien da las órdenes; ella cree saber qué es lo que Jesús debe hacer.
¿Qué enseña Jesús? En primer lugar, vemos cómo Jesús le da un vuelco al punto de vista de Marta. La tensión que está viviendo debe tener un nuevo enfoque: ¿Qué es lo necesario? ¿Cuál es la única cosa realmente necesaria? Marta debe pensar en lo que ella necesita, no en las necesidades de Jesús. ¿Y esto por qué? Porque es por ella que ha venido el Maestro a su casa. Jesús no vino a un almuerzo, vino a ser Maestro, a prestar el servicio de la enseñanza y ella necesita de la “Palabra” del Maestro. En segundo lugar, y en conexión con lo anterior, la cuestión de que Marta no se preguntó primero que era lo que quería Jesús, cuestiona también nuestras relaciones interpersonales. Muchas veces nos preocupamos por hacer “muchas cosas” por los demás, pero pocas veces nos preguntamos qué es lo que realmente los otros están necesitando. En tercer lugar, vemos que María no debe ser apartada de Jesús porque ella escogió la “buena porción” que no se puede arrebatar. Marta no le puede quitar a María las bendiciones que la proclamación del Reino le trae a su vida. En cuarto lugar, vemos que el servicio y la escucha no se contraponen. La escucha de la Palabra llevará a María a la “praxis”. Y viceversa: el servicio de Marta no será lo que ella considere que debe hacer sino, ante todo, la respuesta obediente a lo que el Señor quiere que haga. En quinto lugar, lo “único” se refiere también a la unificación de la vida en la cual quiere Jesús educar a sus discípulos. “Unidad” de vida es signo de madurez y de consistencia personal. Las acciones, las actividades, los compromisos por causa de Jesús brotan de una única fuente –la Palabra asumida en el Corazón- y ésta coloca totalmente nuestra vida en sintonía con la de Jesús y con su camino que conduce a la plenitud de la vida en el Reino del Padre.







