VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO –CICLO A

Mateo 5, 17-37

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO –CICLO A
EN EL SEGUIMIENTO DE JESÚS LOGRAMOS UNA “JUSTICIA MAYOR”: UNA ESCUELA DE VALORES DEL “REINO”

Jesús viene a dar “cumplimiento” (Mt 5, 17-18). Nos encontramos ante una enseñanza de Jesús que es clave para comprender todo lo que viene. Quien hace la experiencia de las “bienaventuranzas” es un hombre nuevo en el Reino de Dios predicado y llevado a cabo por la persona de Jesús, en Él tiene ahora un nuevo corazón. El discípulo comienza a centrar todo en Jesús. Pero la vivencia de la radical novedad del Reino puede llevarlo a pensar que la “la Ley y los Profetas” quedan abolidos (Mateo 5,17ª). Pues bien, esto no es así, por eso dice Jesús: “No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (5,17b). La frase “la Ley y los Profetas” es una forma de designar técnicamente la Biblia Hebrea (gran parte del Antiguo Testamento), esto quiere decir que indica toda la primera parte de la revelación de Dios. La “Ley” es el criterio de vida por excelencia para el pueblo que ha hecho Alianza con Yahvé. Los “Profetas”, en cuanto defensores de la Alianza, fueron intérpretes de la Ley. Cuando Jesús dice que vino a “dar cumplimiento” de “la Ley y los profetas”, está afirmando que en Él está visible todo lo que la Ley y los Profetas intentaron decir. Lo que Dios le ha querido revelar a su pueblo tiene su punto culminante en la persona de Jesús. Por eso, digámoslo así, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento no hay contradicción sino una línea continua, siempre ascendente. La mirada se coloca entonces en todas las acciones de Jesús en el evangelio, porque fue allí donde “le dio cumplimiento” al querer de Dios. Por parte de Dios, Él mantiene firme su Palabra y nos ofrece un camino para que ésta se realice plenamente. Por parte del hombre, la Palabra de Dios alcanza su cumplimiento en él en la medida en que la lleve a la práctica y sean enseñadas. Dios es el primero que pone en práctica la Ley en su Hijo Jesús. La “justicia” primera es la de Dios. Y esta justicia –según el evangelio de Mateo- se llama Jesús. Por eso en lo que sigue inmediatamente no se hablará explícitamente de la “enseñanza de Jesús” sino del “cumplimiento de la Ley”, sencillamente porque este orden de ideas, es lo mismo.

Dios: La Palabra se hace realidad. “Os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda” (5,18). Todo lo que la ley quiere que “suceda”, hasta los signos gráficos más pequeños de la lengua hebrea con que está escrita “la Ley y los Profetas” -que es la “yod” (se escribe como una humilde “coma”) y un pequeño detalle de la caligrafía (se le llama “keráia”)-  Jesús lo realiza en su propia vida y de esta manera le ofrece a quienquiera que le siga la posibilidad de aprender en él a hacer la voluntad de Dios. El evangelio poco a poco irá desvelando de qué manera el “cumplimiento” está en la praxis de Jesús. La síntesis de lo que quieren la Ley y los Profetas finalmente será el amor misericordioso. De esta forma la “Ley” sigue siendo inquebrantable, pero por otra parte no se comprende plenamente sino en la interpretación que le da Jesús. En consecuencia, porque Jesús le ha dado su máxima expresión a todo el valor que tienen “La Ley y los Profetas”, todos tenemos la posibilidad de vivir la Palabra de Dios en su seguimiento y, así, ésta mantendrá su vigencia hasta el fin del mundo (“cielo y tierra pasarán antes de que pase…”). Dios cumple su Palabra, pero los discípulos también tienen que cumplirla, esto es, pasar de la teoría a la práctica.  Todos los mandamientos, incluso los más pequeños, son obligatorios, ya que el hombre solamente se hace “justo” en la vivencia del querer de Dios. Pero el discípulo no andará ansioso por los detalles, porque él vive la Ley desde una vida inspirada en la nueva “justicia” que enseña Jesús, una “justicia” que proviene del estar inmerso en la experiencia del “Reino” (ver las bienaventuranzas).

El comportamiento superior (o “justicia” o “actuar justo”) al que alude Jesús, es tal en cuanto supera la preocupación por lo “cuantitativo” o “puntual” –característico de los estudiosos de la ley y los judíos piadosos- y apunta más bien a lo “cualitativo” que se mueve en la dimensión nueva y profunda del Reino de Dios, es decir, a partir de la obra de Dios Padre en nosotros. Por eso el simple conocimiento de las normas es insuficiente. Si tenemos en cuenta la enseñanza de las bienaventuranzas, comprenderemos que la “nueva justicia” parte de la espiritualidad de las bienaventuranzas, en las cuales se anunciaba la buena noticia de la obra de Dios Padre en el discípulo de Jesús. Se trata de una justicia que parte de un corazón nuevo: la renovación interior resplandecerá y se hará visible en todos los comportamientos del discípulo (“brille vuestra luz delante de los hombres”, 5,16). Entonces estará “cumpliendo” a cabalidad la Ley cuando se comporte como “hijo de este Padre” revelado por Jesús (cf. Mt 5, 16. 45. 48). 

 

P. Fidel Oñoro, cjm – Centro Bíblico del CELAM 

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