Vigésimo séptimo domingo del Tiempo Ordinario
Crecer en la fe y en el servicio:
La increíble fuerza de lo humilde
Lucas 17, 5-10
El ambiente apostólico: comunitario y evangelizador. Recordemos que la última frase que se ha escuchado a Jesús es: “¡Le perdonarás!” (17,4). Ahora bien, la súplica por el crecimiento en la fe equivale a un reconocimiento de la impotencia personal para perdonar. En otras palabras: porque los discípulos sienten que no es fácil superar los escándalos y ofrecer el perdón, es que piden que se les aumente la fe como el recurso para lograrlo. “¡Señor, auméntanos la fe!” (17,5) es un grito que se debe haber escuchado más de una vez ante situaciones difíciles en la convivencia.
El crecimiento de la fe (17,5-6). Comienza el evangelio así: “Dijeron los apóstoles al Señor: ‘Auméntanos la fe’” (17,5). A lo cual Jesús responde diciendo que aún una poca cantidad de fe es capaz de hacer obras impensables: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido” (17,6). Notemos que los discípulos hacen una solicitud en términos cuantitativos, tanto así que la súplica podría traducirse como “añádenos fe”; esto presupone que los apóstoles tienen algo de fe. Pero la respuesta muestra que la fe no puede ser cuantificada; más aún, pone en crisis el presupuesto mismo de la pregunta. El referente es un “grano de mostaza”. Este grano ya había servido para una parábola del Reino (en 13,19) y parece tratarse de la “sinapsis nigra” (mostaza negra) que crece hasta formar un arbolito que puede alcanzar incluso unos tres metros, por eso en la parábola es imagen de algo extremadamente pequeño que llega a ser grande. En nuestro caso aquí sirve para ilustrar el más pequeño brote de fe. Como quien dice: “la más mínima fe”. En la frase de Jesús se destaca la obediencia de la morera ante una orden para arrancarse y auto-transplantarse en el mar: “Y os habría obedecido” (17,6b). Los apóstoles deben tener la certeza del cumplimiento del mandato, tal es el poder de la palabra apostólica. Evidentemente no es una frase para ser tomada literalmente como una invitación para hacer cosas absurdas o como una indicación de poderes mágicos. Jesús se refiere a la habilidad que caracteriza al líder de la comunidad y al misionero. Éste no es un mago sino un héroe de la fe.
La necesidad de la humildad a la hora de cumplir con las responsabilidades (17,7-10). El evangelio pasa a la otra parte de la enseñanza: la parábola del “siervo que regresa del campo” (ó parábola del siervo inútil). La parábola interroga directamente a los discípulos (“¿Quién de vosotros?”). Para ello se vale de la descripción de la vida cotidiana de un esclavo que después de haber trabajado de sol a sol en el campo de su patrón: “¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando…?” (17,7ª). Tal siervo parece tener que hacerlo todo en la hacienda de su señor: sembrar el campo, pastorear los rebaños y, como se ve enseguida, atender las tareas domésticas; el servicio ocupa completamente su vida. Los tres campos de servicio coinciden muy bien con las tres imágenes más frecuentes del apostolado en el evangelio. El hecho es que –según la parábola- el regreso a casa de este siervo, no le da tregua a sus oficios porque aún tiene que trabajar en los deberes caseros antes de descansar: el servicio a su patrón va primero que la satisfacción de sus personales necesidades como es la comida. El cumplimiento de todas estas tareas no le intitula ninguna recompensa, no es la base para reclamar derechos, lo único que importa es la satisfacción del deber cumplido.
17,10: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos indignos; hemos hecho lo que debíamos hacer’”. El pensamiento final se dirige a los discípulos: “Vosotros”. ¿Con qué actitud se presenta ante Dios un servidor suyo? La conciencia del servidor de Jesús es la de una persona que, abandonada en la fe, con la vida centrada en su Señor, se da sin reservas y con gratuidad en el servicio aspirando siempre al cumplimiento cabal de su “deber”. Recordemos en el evangelio el término “deber” está relacionado con el cumplimiento del proyecto de Dios; según esto entonces obrar por puro “deber” es obrar por puro “amor”.







