SAN JOSÉ BENITO COTTOLENGO

San José Benito Cottolengo nació en Bra, Italia, el 3 de mayo de 1786, en una familia profundamente cristiana. Fue el primero de doce hermanos y desde pequeño manifestó una especial sensibilidad hacia los pobres y necesitados. Ingresó al seminario y fue ordenado sacerdote el 8 de junio de 1811. Ejerció su ministerio como sacerdote, confesor y predicador, hasta que un acontecimiento cambió radicalmente el rumbo de su vida.

El 2 de septiembre de 1827, en Turín, fue llamado a asistir a una mujer francesa gravemente enferma, embarazada y acompañada de sus hijos, que no había podido ser recibida adecuadamente en los hospitales de la ciudad. La mujer murió y aquella experiencia conmovió profundamente al sacerdote. Ante el Santísimo Sacramento, Cottolengo comprendió que Dios le pedía hacer algo por tantos enfermos y abandonados que no encontraban acogida.

En 1828 abrió una pequeña casa para atender a enfermos pobres y abandonados. Después de que esta primera obra fuera clausurada durante la epidemia de cólera, Cottolengo no se desanimó. El 27 de abril de 1832 fundó en Turín la Pequeña Casa de la Divina Providencia, que llegaría a convertirse en una gran obra de acogida para enfermos, personas con discapacidad, pobres y marginados.

Su espiritualidad estuvo marcada por una confianza absoluta en la Providencia de Dios. No se limitó a ofrecer asistencia material: creó una verdadera comunidad en la que sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, enfermos y voluntarios colaboraban según sus capacidades. Su principio era reconocer en cada persona necesitada el rostro de Cristo. Benedicto XVI destacó precisamente que Cottolengo veía en los pobres no simplemente una imagen de Jesús, sino a Cristo presente en ellos.

Cottolengo murió en Chieri el 30 de abril de 1842, a los 55 años. Fue beatificado por Benedicto XV el 29 de abril de 1917 y canonizado por Pío XI el 19 de marzo de 1934. Su memoria litúrgica se celebra el 30 de abril.

Su vida puede resumirse en una convicción que orientó toda su existencia: la Providencia de Dios se manifiesta cuando abrimos el corazón y nuestras manos a los más pobres y abandonados. Por eso, la Iglesia lo presenta como un extraordinario modelo de caridad sacerdotal, confianza en Dios y servicio a los últimos.

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