PARA ESTOS DÍAS: 1 DE SEPTIEMBRE: XI JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN.

Este año, el papa León XIV nos propone un lema tomado del profeta Isaías: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas» (Is 2,4). El Santo Padre establece una relación profunda entre la guerra y la destrucción de la casa común: los conflictos armados no solo siembran muerte, también devastan territorios y amenazan la vida de millones de personas.

Pero quizá debamos preguntarnos qué tiene que ver esto con nosotros, sacerdotes.

Mucho, porque cuidar la creación no es una moda ecológica ni una preocupación secundaria frente a la evangelización. Es una expresión concreta de nuestra fe en el Dios creador y del amor hacia quienes nos han sido confiados. La crisis ambiental golpea especialmente a los pobres, a las comunidades desplazadas y a quienes tienen menos recursos para protegerse.

Y aquí aparece nuestra responsabilidad pastoral. ¿Hablamos de estas realidades desde el ambón? ¿Enseñamos a nuestras comunidades que la fe también tiene consecuencias en la manera cómo consumimos, desperdiciamos y tratamos la naturaleza? ¿Nuestra parroquia cuida responsablemente el agua, la energía y los recursos? ¿O hablamos de conversión mientras permanecemos indiferentes ante aquello que destruye la vida?

El mundo necesita una Iglesia que no solamente rece por la creación, sino que eduque para custodiarla. El papa Francisco nos recordó en Laudato si’ que el cuidado de nuestra casa común está inseparablemente unido a la preocupación por los pobres y por la dignidad humana.

Hermanos, esta Jornada puede ser una oportunidad para revisar nuestra pastoral. No necesitamos grandes proyectos. Quizá basta comenzar por una homilía, una hora de adoración, una catequesis, una oración comunitaria o una decisión concreta de nuestra parroquia.

La creación también es un don que Dios puso bajo nuestra responsabilidad.

Que este 1 de septiembre no sea simplemente una fecha más en el calendario pastoral. Que sea una ocasión para preguntarnos si estamos formando comunidades que saben agradecer, custodiar y compartir.

Porque quien aprende a contemplar la obra de Dios termina comprendiendo que destruir la creación es también herir a nuestros hermanos.

Y quizá el primer cambio que el Señor espera no tenga que comenzar en la parroquia, sino en nosotros.

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