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SAN ALBERTO HURTADO

Alberto Hurtado nació en Viña del Mar, Chile, el 22 de enero de 1901. Doctor en Pedagogía y Psicología. Su trabajo entre los jóvenes produjo un gran impacto. Esto motivó que lo nombraran Asesor Nacional de la juventud de la Acción Católica (1941-1944). En 1947 creó la Asociación Sindical Chilena (ASICH).  Murió santamente el 18 de agosto de 1952, de un cáncer al páncreas. El 16 de octubre de 1994 fue beatificado en Roma por el Papa Juan Pablo II. Su canonización se efectuó el 23 de octubre de 2005 por S.S. Benedicto XVI.

Los rasgos de su espiritualidad:  La comunión con Dios

El Padre Alberto Hurtado fue ante todo un hombre de Dios. Toda su vida, sus actividades, sus escritos y sus luchas tienen a Dios como principio y como fin.  

Comunión con Dios en la acción: El Padre Hurtado encuentra la comunión con Dios haciéndose compañero de Jesús en su misión de instaurar el Reino. Contempla a Jesús presente y actuando en el mundo y se une a Él en sus trabajos y sus luchas. Se puede decir que Alberto Hurtado es un místico de la acción.   

Seguir a Cristo en la Iglesia: En la tarea de construir el Reino, el Padre Hurtado se sintió miembro del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia.  A sus superiores jerárquicos los amó con sinceridad, apoyando su labor con una auténtica disponibilidad. Pasó por momentos difíciles y amargos, pero mantuvo en ellos una actitud ejemplar. Mostró con su ejemplo que el sacerdote se puede santificar mediante el servicio, cuando lo realiza en comunión con Jesucristo. Por eso fue un gran promotor de vocaciones sacerdotales. También apreció la vocación laical como camino de santidad.   

Transformar el mundo para Cristo:

En todo vio el P. Hurtado la presencia sufriente de Cristo y se dispuso a luchar con todo su corazón por construir una sociedad justa. El magisterio social de la Iglesia fue su fuente de inspiración y de orientación. Los pobres llegaron a ser en su vida no solamente los destinatarios de su actividad, sino una instancia de crecimiento en la fe, porque en ellos descubrió a Cristo.  

Murió santamente el 18 de agosto de 1952, de un cáncer al páncreas. El 16 de octubre de 1994 fue beatificado en Roma por el Papa Juan Pablo II. Su canonización se efectuó el 23 de octubre de 2005 por S.S. Benedicto XVI.

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